Nutrientes

Vitamina D: la única gota que casi todos los bebés necesitan

Del hierro se habla mucho. De esta casi nada, y sin embargo es el único suplemento que las pediatrías recomiendan prácticamente para todos los bebés desde los primeros días.
Redacción Lumi · 6 min de lectura
Vitamina D: la única gota que casi todos los bebés necesitan

En la primera consulta te dicen que le des unas gotas todos los días y ahí queda la cosa. Sales con la receta, las compras, y a las tres semanas están en el fondo del cajón porque el bebé come bien, se ve sano y nada parece faltar.

Es lo más común del mundo, y tiene una explicación: la vitamina D no se nota. No hay un síntoma que te avise de que falta, y para cuando lo hay, lleva meses faltando. Y hay una segunda razón, más incómoda: al ser lo único que se receta cuando el bebé está perfectamente sano, es fácil archivarlo mentalmente como un extra opcional.

La única vitamina que no viene, sobre todo, de la comida

Casi todo lo que tu hijo necesita lo saca del plato. La vitamina D es la excepción: se fabrica sobre todo en la piel, cuando le da el sol, y en los alimentos aparece en cantidades pequeñas y en pocos sitios.

Aquí está el nudo. La leche materna es un alimento extraordinario en casi todo, pero trae muy poca vitamina D: no es un defecto de tu leche ni algo que se arregle comiendo distinto. Y la vía del sol, que sería la natural, está cerrada justo a esa edad, porque a un bebé de menos de seis meses no conviene exponerlo al sol directo y el protector solar —que sí hay que usar— bloquea precisamente esa síntesis.

No es que tu leche le falte algo: es que esta vitamina casi no viaja por ahí.
La vía natural de esta vitamina es la piel, y es justo la que está cerrada durante el primer medio año.
La vía natural de esta vitamina es la piel, y es justo la que está cerrada durante el primer medio año.

Qué recomiendan las pediatrías

La Academia Americana de Pediatría fija 400 UI al día desde los primeros días de vida para todos los bebés amamantados, de forma exclusiva o parcial, y también para los que toman fórmula si no llegan a beber alrededor de un litro diario de fórmula fortificada. Después del primer año, la ingesta de referencia sube a 600 UI diarias, que ya pueden venir de alimentos fortificados, de suplemento, o de una mezcla de los dos.

Suena a poco y es poco: son unas gotas. Pero es el único suplemento que se recomienda de forma tan general en la primera infancia, y la razón es la de arriba: no hay una manera fácil de conseguirla por el camino habitual. Tampoco depende de que el bebé coma bien o mal, ni de que sea grande o pequeño: es para todos.

Lo que previene tampoco es una molestia menor. El raquitismo —huesos que se ablandan y se deforman mientras crecen— se volvió raro, pero no desapareció, y sigue apareciendo sobre todo en bebés amamantados que no recibieron el suplemento. Es exactamente el tipo de problema que no da señales hasta que ya está hecho.

No hay un síntoma que te avise de que falta. Para cuando lo hay, lleva meses faltando.
Es la parte más aburrida del día y la que más fácil se olvida: por eso conviene colgarla de algo que ya haces.
Es la parte más aburrida del día y la que más fácil se olvida: por eso conviene colgarla de algo que ya haces.

Cómo no olvidarla (y por qué más no es mejor)

El problema real de la vitamina D no es médico, es doméstico: se olvida. Lo que funciona es colgarla de algo que ya haces sin pensar —el cambio de pañal de la mañana, la primera toma, el momento de los dientes cuando ya es más grande— en vez de confiar en acordarte. Muchas familias la dejan pegada al biberón o junto al cepillo, a la vista: en esto, el sitio donde vive el frasco importa más que la buena intención.

Y una advertencia que se da poco: en esto, más no es mejor. La vitamina D se acumula en el cuerpo y en exceso es tóxica; los casos descritos suelen venir de productos muy concentrados mal dosificados en casa. La dosis la marca tu pediatra, y con esa basta.

Es de las pocas cosas de la crianza donde pasarse es peor que quedarse justo.
Después del año la conversación cambia: entran los alimentos fortificados y el sol de verdad.
Después del año la conversación cambia: entran los alimentos fortificados y el sol de verdad.

Conviene además hablarlo en cada revisión, porque la recomendación no es igual en todas partes ni para todos los niños: la piel más oscura fabrica menos vitamina D con la misma luz, los inviernos largos y las ciudades con poco sol cuentan, y algunos países fortifican alimentos que otros no. Tu pediatra tiene esos datos; el artículo no.

La dosis la marca tu pediatra. Lo tuyo es que las gotas no se queden en el cajón.

Si al leer esto te acordaste de un frasco olvidado, ese es todo el mensaje. No hay que compensar nada ni empezar de cero: se retoma y ya está. Es de las cosas más pequeñas que se hacen por un hijo y de las pocas que, décadas después, siguen sosteniéndolo por dentro.

¿Le puede servir a otra mamá o a otro papá?

Referencias

  1. Wagner, C. L., Greer, F. R.; American Academy of Pediatrics. «Prevention of Rickets and Vitamin D Deficiency in Infants, Children, and Adolescents». Pediatrics, 2008. Es la fuente de las 400 UI diarias desde los primeros días para bebés amamantados y para los que toman menos de un litro de fórmula fortificada.
  2. Institute of Medicine (hoy National Academy of Medicine). «Dietary Reference Intakes for Calcium and Vitamin D». National Academies Press, 2011. Fija la ingesta de referencia de 600 UI diarias a partir del primer año, que es la cifra que damos para después del año.
  3. Organización Mundial de la Salud. Recomendaciones sobre lactancia materna y alimentación del lactante. Sostiene lo que decimos sobre la leche materna como alimento de referencia, cuyo bajo contenido en vitamina D no es un defecto corregible por la dieta de la madre.
  4. American Academy of Pediatrics. Recomendaciones de fotoprotección en la primera infancia. Respaldan que a los menores de seis meses no conviene exponerlos al sol directo y que el protector solar, recomendado a partir de esa edad, reduce la síntesis cutánea de vitamina D.

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