Hábitos en la mesa

Tú decides qué y cuándo; él decide cuánto

El reparto de tareas en la mesa que evita la mitad de las peleas de la comida. Suena a rendirse y es lo contrario: tú conservas las tres decisiones que de verdad importan.
Redacción Lumi · 6 min de lectura
Tú decides qué y cuándo; él decide cuánto

La escena se repite en casi todas las casas: el plato a medias, el niño que dice que ya no quiere, y el adulto midiendo cuántas cucharadas más se pueden negociar antes de que la cena se convierta en otra cosa.

Hay una forma de repartir el trabajo en la mesa que quita esa negociación de en medio. No es un truco: es decidir de antemano qué le toca a cada quien.

El reparto

Al adulto le tocan tres decisiones: qué se sirve, cuándo se come y dónde. Al niño le toca una: cuánto come de lo que hay servido, incluido nada.

Dicho así parece que el adulto pierde. Es al revés: las tres decisiones que se queda son las que determinan lo que su hijo come en un mes. Lo que hay en la mesa lo eliges tú. Que haya horarios y no picoteo continuo, también. La única que sueltas es la que nunca ganaste de verdad, porque el apetito no se manda.

Tú pones lo que hay y cuándo. Él decide cuánto de eso entra. Nadie discute lo del otro.
Tú pones lo que hay y cuándo. Él decide cuánto de eso entra. Nadie discute lo del otro.

Por qué presionar sale caro

Cuando se insiste —una cucharada más, hasta la mitad, si no comes no hay postre— pasa algo que se ha medido: el niño no come más a largo plazo, y además le queda peor cara ese alimento. La presión asocia el plato con el forcejeo, y esa asociación dura más que la cena.

El postre como premio hace algo parecido pero al revés: sube el valor de lo que se ofrece como recompensa y baja el de lo que hay que «aguantar» para llegar. El brócoli se vuelve peaje y el pastel, trofeo.

Insistir no consigue que coma más hoy, y consigue que le guste menos mañana.

Cómo se ve en la práctica

Sirve siempre algo que sepas que come. En la mesa hay lo nuevo y hay pan, arroz o fruta. Así él siempre puede resolver su hambre sin que tú tengas que ceder ni cocinar un segundo plato.

Porciones pequeñas y que pueda repetir. Un plato lleno intimida; uno pequeño con la posibilidad de pedir más pone el control donde debe estar.

Se acabó cuando se acaba la comida, no cuando se acaba el plato. Si dice que ya, se retira sin drama y sin sustituto media hora después. La siguiente oportunidad es la siguiente comida, y llegará.

Ni una palabra sobre cuánto comió. Ni felicitarlo por terminar ni lamentarse porque dejó. En cuanto la cantidad se comenta, vuelve a ser tema de los dos.

Que en la mesa haya siempre algo conocido no es rendirse: es lo que le permite acercarse a lo nuevo sin miedo a quedarse con hambre.
Que en la mesa haya siempre algo conocido no es rendirse: es lo que le permite acercarse a lo nuevo sin miedo a quedarse con hambre.

Lo que sí es tu tarea, y cuesta más

Sostener el horario. Un niño que picotea galletas a las seis no tiene hambre a las siete, y entonces el reparto se cae solo: él decide cuánto, pero llega sin apetito porque tú decidiste mal el cuándo.

Y ofrecer lo mismo varias veces sin cara de nada. Los alimentos nuevos suelen necesitar muchas presentaciones antes de aceptarse. No hace falta que lo pruebe cada vez: hace falta que siga apareciendo en la mesa como algo normal.

Tu trabajo no es que se lo coma. Es que siga estando ahí, sin discusión, hasta que un día lo pruebe.

Si tu hijo pierde peso, come menos de cinco alimentos en total, o la hora de la comida se vive con angustia real en casa, eso ya no es selectividad normal y conviene hablarlo con el pediatra. Para todo lo demás, el reparto aguanta.

¿Le puede servir a otra mamá o a otro papá?

Referencias

  1. Satter, E. «The Satter Feeding Dynamics Model» / división de responsabilidades en la alimentación. Es el marco del que sale el reparto descrito (el adulto decide qué, cuándo y dónde; el niño, cuánto).
  2. Galloway, A. T., Fiorito, L. M., Francis, L. A., Birch, L. L. «'Finish your soup': counterproductive effects of pressuring children to eat on intake and affect». Appetite, 2006. Fundamenta que la presión no aumenta la ingesta y empeora la actitud hacia el alimento.
  3. Birch, L. L., Marlin, D. W., Rotter, J. «Eating as the 'means' activity in a contingency: effects on young children's food preference». Child Development, 1984. Base de lo que se dice sobre usar el postre como premio.
  4. American Academy of Pediatrics (HealthyChildren.org). Recomendaciones sobre horarios de comidas y colaciones estructuradas en niños pequeños.

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