Hábitos

«Si te comes el brócoli, te doy postre»: lo que aprende tu hijo cuando la comida es moneda

El trato funciona esta noche. El problema es lo que deja instalado para dentro de un año: que la verdura es el precio y el postre, el premio. Lo que muestran los estudios y qué hacer en su lugar, sin convertir la mesa en un mercado.
Redacción Lumi · 6 min de lectura
«Si te comes el brócoli, te doy postre»: lo que aprende tu hijo cuando la comida es moneda

Son las ocho, llevas veinte minutos en la mesa y el brócoli sigue exactamente donde lo pusiste. Entonces sale la frase, casi sin pensarla: «si te lo comes, te doy postre». Y funciona. Se lo come con cara de sacrificio, se lleva su gelatina y todos nos vamos a dormir. Lo dijimos nosotros, lo dijeron nuestros padres, lo dice medio mundo en la mesa de al lado.

El problema no es esta noche. Es que ese trato, repetido tres veces por semana durante dos años, le está enseñando algo sobre la comida que no queríamos enseñarle.

El experimento que lo dejó claro

A principios de los ochenta, la investigadora Leann Birch hizo algo muy simple con niños pequeños: les dio de probar bebidas y alimentos nuevos en dos condiciones distintas. A unos se los ofrecía sin más. A otros se los ofrecía como medio para conseguir otra cosa: pruébalo y podrás jugar, pruébalo y te ganas algo. Después midió cuánto les gustaba cada sabor.

El resultado fue el contrario del que esperaría cualquiera que haya usado el truco: los alimentos que habían servido de peaje gustaron menos después que antes. Y en la otra punta, en otro estudio de Birch, lo que se daba como premio se volvía todavía más deseable. Es decir, el trato consigue el bocado de hoy y, al mismo tiempo, va bajando el gusto por lo que queremos que coma y subiendo el del postre.

El mecanismo es más sencillo de lo que parece, y tu hijo lo resuelve solo: nadie te premia por hacer algo agradable. A nadie le pagan por comer galletas. Si esto necesita un premio, será porque es malo. Es una deducción impecable para alguien de cuatro años, y la hace sin decir una palabra.

El premio no enseña a comer verdura: enseña que la verdura es el precio del postre.
Servir el postre junto con la comida, y no al final como recompensa, le quita el papel de premio y lo devuelve a ser un alimento más.
Servir el postre junto con la comida, y no al final como recompensa, le quita el papel de premio y lo devuelve a ser un alimento más.

Las otras dos palancas que también salen al revés

El premio no es el único recurso que se nos va de las manos. Hay otras dos maniobras muy habituales que suelen producir justo lo contrario de lo que buscan.

La primera es presionar para que coma: dos cucharadas más, una por la abuela, no te levantas hasta que termines. La presión tiende a hacer que le guste menos justo el alimento que quieres que coma, y limita la variedad de alimentos que acepta. La segunda es prohibir: en los experimentos de Jennifer Fisher y Leann Birch, restringir un alimento apetecible hacía que el niño se fijara más en él y tuviera más ganas de conseguirlo, y cuando volvía a estar disponible lo elegía y lo comía más.

Premiar, presionar y prohibir son las tres herramientas que tenemos más a mano, y las tres tiran en la misma dirección equivocada. Lo que sí funciona es bastante más silencioso y, sobre todo, más lento.

Quién decide qué: el reparto que ordena la mesa

La nutricionista Ellyn Satter lo resumió en un reparto de tareas que le quita a la comida el aire de negociación. Tú decides qué se sirve, cuándo y dónde. Él decide si come y cuánto. Ese es el trato completo, y no incluye ninguna cláusula sobre postres.

En la práctica significa poner en la mesa lo que hay, incluir siempre algo que sepas que él acepta, sentarte a comer lo mismo y no volver a mencionar el tema. Ni insistir, ni celebrar cuando prueba, ni poner cara cuando no. Si no come, no pasa nada y no hay menú alternativo a las nueve de la noche: habrá desayuno.

Y con el postre, la maniobra que más desactiva el conflicto es también la más incómoda al principio: servirlo junto con el resto de la comida, en una ración pequeña, sin condiciones. Puede empezar por ahí si quiere. Suena a rendición y es lo contrario: cuando el postre deja de ser la meta, deja de ser lo más interesante del plato, y lo demás vuelve a competir en igualdad de condiciones.

Comer lo mismo que él, en la misma mesa, sigue siendo la herramienta con más evidencia detrás: aprende mirando mucho antes que obedeciendo.
Comer lo mismo que él, en la misma mesa, sigue siendo la herramienta con más evidencia detrás: aprende mirando mucho antes que obedeciendo.

El matiz honesto: cuando un premio sí ayudó

Sería fácil terminar aquí, pero hay un estudio que complica la historia y conviene contarlo. En 2011, un equipo dirigido por Lucy Cooke probó un programa en el que los niños daban un mordisco diario a una verdura que no les gustaba durante doce días, y algunos recibían a cambio una pegatina o un elogio. Los que probaron a diario terminaron valorando más esa verdura, y el premio ayudó: entre los que recibían una pegatina o un elogio, el aumento en lo que comían se mantenía tres meses después; entre los que solo probaban, a los tres meses ya no se notaba.

La diferencia con la escena de la cena es la clave. Allí el premio no era comida, la cantidad era un mordisco y no un plato, no había coacción ninguna y lo que se repetía todos los días era la exposición, no el trato. Es casi lo opuesto a canjear brócoli por helado: el postre como moneda pone dos alimentos a competir y deja a uno de los dos como perdedor permanente.

Lo que cambia el gusto no es el premio: es haberlo probado veinte veces sin que nadie estuviera mirando el plato.

Entonces, ¿nada de postre?

El postre no es el enemigo, y el pastel de un cumpleaños no requiere ninguna estrategia. Lo que desgasta no es el azúcar de un día —eso tiene su propia conversación, y está en el artículo sobre el azúcar en la primera infancia—, sino el mecanismo de transacción: la comida usada como moneda, como castigo o como consuelo. Un niño al que se le consuela sistemáticamente con comida puede aprender a buscar comida cuando algo le duele.

Los cumpleaños no necesitan estrategia. Lo que desgasta no es el dulce de un día, sino usarlo todos los días como moneda de cambio.
Los cumpleaños no necesitan estrategia. Lo que desgasta no es el dulce de un día, sino usarlo todos los días como moneda de cambio.

Si llevas años haciendo el trato, no hace falta anunciar nada ni pedir perdón en la mesa. Basta con dejar de ofrecerlo y sostener el silencio unos días, que es la parte difícil. Lo que estás cambiando no es el menú: es quién manda en el plato. Y a la larga eso pesa mucho más que el brócoli de esta noche.

¿Le puede servir a otra mamá o a otro papá?

Referencias

  1. Birch, L. L., Birch, D., Marlin, D. W. y Kramer, L. Effects of instrumental consumption on children's food preference. Appetite, 1982;3(2):125-134. doi.org/10.1016/S0195-6663(82)80005-6
  2. Birch, L. L., Zimmerman, S. I. y Hind, H. The Influence of Social-Affective Context on the Formation of Children's Food Preferences. Child Development, 1980;51(3):856-861. doi.org/10.2307/1129474
  3. Birch, L. L. y Fisher, J. O. Development of Eating Behaviors Among Children and Adolescents. Pediatrics, 1998;101(3 Pt 2):539-549. doi.org/10.1542/peds.101.S2.539
  4. Fisher, J. O. y Birch, L. L. Restricting access to palatable foods affects children's behavioral response, food selection, and intake. The American Journal of Clinical Nutrition, 1999;69(6):1264-1272. doi.org/10.1093/ajcn/69.6.1264
  5. Cooke, L. J., Chambers, L. C., Añez, E. V., Croker, H. A., Boniface, D., Yeomans, M. R. y Wardle, J. Eating for Pleasure or Profit: The Effect of Incentives on Children's Enjoyment of Vegetables. Psychological Science, 2011;22(2):190-196. doi.org/10.1177/0956797610394662
  6. Ellyn Satter Institute. The Satter Division of Responsibility in Feeding (sDOR). ellynsatterinstitute.org. www.ellynsatterinstitute.org/how-to-feed/division-of-responsibility/
  7. American Academy of Pediatrics (AAP), Committee on Nutrition. 10 Tips for Parents of Picky Eaters. HealthyChildren.org, actualizado 2018. Desaconseja sobornar con golosinas para que coma otros alimentos y advierte que presionar o castigar puede hacer que rechace alimentos que de otro modo le gustarían. www.healthychildren.org/English/ages-stages/toddler/nutrition/Pages/Picky-Eaters.aspx

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