Lenguaje

Rimas y canciones: la antesala de la lectura que cabe en un trayecto en coche

Antes de reconocer una letra, un niño tiene que oír que «gato» y «pato» terminan igual. Esa habilidad se entrena cantando tonterías, y es de las que mejor anticipan cómo aprenderá a leer.
Redacción Lumi · 6 min de lectura
Rimas y canciones: la antesala de la lectura que cabe en un trayecto en coche

Leer parece un asunto de letras, y por eso muchas casas se apuran a enseñarlas. Pero antes de que una letra signifique algo, tiene que pasar otra cosa mucho menos visible: que el niño se dé cuenta de que las palabras están hechas de sonidos, y de que esos sonidos se pueden separar, cambiar y repetir.

A eso se le llama conciencia fonológica, y es de las mejores predicciones de cómo le va a ir aprendiendo a leer. La buena noticia es cómo se entrena: cantando, jugando con las palabras y diciendo tonterías rimadas.

Qué es exactamente lo que se entrena

Cuando tu hijo se ríe porque dijiste «Marta la tarta» está haciendo una operación nada trivial: separó el final de la palabra del principio y comparó dos finales. Cuando canta una canción cuyo verso termina en «-ón» y adivina la palabra que falta, está prediciendo por sonido, no por significado. Y lo hace sin que nadie se lo enseñe: le basta con que en su casa se juegue con las palabras lo suficiente como para que le parezca un juego posible.

Ese es el músculo. Después, cuando llegue la letra, tendrá dónde engancharla: la letra le pone símbolo a un sonido que él ya sabía escuchar. Sin ese paso previo, aprender letras es memorizar dibujos.

La letra le pone símbolo a un sonido que él ya tenía que saber escuchar.
Reírse de «Marta la tarta» es una operación mental más fina de lo que parece.
Reírse de «Marta la tarta» es una operación mental más fina de lo que parece.

Lo que muestran los estudios

El conocimiento de canciones y rimas infantiles a los tres años se relaciona con mejores habilidades fonológicas después, y esas habilidades con la lectura posterior. Y no es solo correlación: los programas que entrenan estas habilidades mejoran la lectura, sobre todo cuando el entrenamiento se combina con las letras. Conviene decir el matiz completo: la conciencia fonológica no es lo único que sostiene la lectura —el vocabulario y la comprensión pesan tanto o más—, pero sí es la pieza que más se puede entrenar antes de que empiece la escuela.

Dicho en práctico: el rato de canciones no es el descanso antes de la parte seria. En estos años, es la parte seria.

El rato de canciones no es el descanso antes de lo serio. A esta edad es lo serio.

Cinco juegos que caben en cualquier rato muerto

El eco tonto. Dices una palabra y él contesta otra que rime, aunque no exista: «mesa… ¿besa?, ¿pesa?, ¿tresa?». Que valgan los inventos es importante, porque el juego es de sonido, no de vocabulario. Cuanto más absurda la palabra inventada, mejor funciona: la risa es la que sostiene el juego.

El verso que falta. Cantas una canción que se sepa y te callas justo antes de la última palabra. Él la completa. Es lo mismo que hace un lector cuando anticipa.

Palabras partidas. «Za-pa-to», dando una palmada por sílaba, con el nombre de cada uno, de los primos, de la comida. Las palmadas hacen visible algo que solo se oye.

Una palmada por sílaba convierte en visible algo que hasta entonces solo se oía.
Una palmada por sílaba convierte en visible algo que hasta entonces solo se oía.

Veo veo por sonido. «Veo una cosa que empieza como pelota»: no la letra pe, el sonido. Y la palabra al revés, que a los cinco ya divierte muchísimo.

Ninguno necesita material, ninguno dura más de tres minutos y todos funcionan en el coche, en la fila del súper y mientras se lava los dientes. Que es exactamente donde hay tiempo. Y todos mejoran si el adulto se equivoca a propósito de vez en cuando y deja que el niño lo corrija.

Ninguno necesita material y todos caben en la fila del súper.
El mejor sitio para estos juegos es el rato muerto que ya existe.
El mejor sitio para estos juegos es el rato muerto que ya existe.

Una advertencia sobre las prisas

Nada de esto significa adelantar la lectura. No hay ninguna ventaja demostrada en que un niño de cuatro años lea antes que los demás, y sí bastante riesgo de que la exigencia temprana le deje la sensación de que leer es una prueba.

No hay premio por leer a los cuatro. Sí lo hay por llegar con el oído entrenado.

Lo que se busca es lo contrario: llegar al momento de aprender a leer con el oído ya entrenado y con la idea de que jugar con las palabras es divertido. Un niño que se ríe con las rimas ya empezó a leer, aunque todavía no lo sepa nadie. Y ese oído, a diferencia de las letras, no se puede aprender de golpe en una tarde: se hace despacio, oyendo.

¿Le puede servir a otra mamá o a otro papá?

Referencias

  1. Bryant, P. E., MacLean, M., Bradley, L. L., Crossland, J. «Rhyme and alliteration, phoneme detection, and learning to read». Developmental Psychology, 1990. Sostiene la relación que describimos entre el conocimiento temprano de rimas y canciones infantiles, las habilidades fonológicas posteriores y la lectura.
  2. Melby-Lervåg, M., Lyster, S.-A. H., Hulme, C. «Phonological skills and their role in learning to read: a meta-analysis of the correlational evidence». Psychological Bulletin, 2012. Respalda que la conciencia fonológica es uno de los mejores predictores del aprendizaje lector.
  3. National Early Literacy Panel. «Developing Early Literacy: Report of the National Early Literacy Panel», 2008. Base de lo que afirmamos sobre que los programas de entrenamiento fonológico mejoran la lectura, especialmente combinados con el trabajo de letras.

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