Desarrollo

Ponerle nombre a lo que siente: cómo aprende tu hijo a reconocer sus emociones

«¡No quiero!», y la torre de bloques sale volando. Detrás de ese manotazo hay algo que todavía no tiene nombre para él. Ponérselo es de lo que más le ayuda a calmarse, y se aprende en casa.
Redacción Lumi · 6 min de lectura
Ponerle nombre a lo que siente: cómo aprende tu hijo a reconocer sus emociones

Tu hijo de tres años lleva diez minutos construyendo una torre. Se cae el bloque de arriba, lo vuelve a poner, se cae otra vez. A la tercera, de un manotazo tira la torre entera y grita «¡no quiero!». ¿No quiere qué? Ni él lo sabe. Lo que siente es enorme y todavía no tiene nombre.

Tú sí sabes cómo se llama: frustración. Y decírselo, aunque parezca poca cosa, es una de las ayudas más útiles que le puedes dar entre el año y los seis años.

Primero se siente, después se nombra

Las emociones llegan mucho antes que las palabras para contarlas. La Academia Americana de Pediatría (AAP) describe que a los dos años un niño ya expresa una amplia gama de emociones, pero todavía no tiene mucho control sobre sus impulsos emocionales: el enojo y la frustración tienden a estallar de golpe, en forma de llanto, golpes o gritos.

Las palabras van llegando poco a poco. Un estudio con datos de más de cinco mil niños de habla inglesa de 16 a 30 meses mostró que en esos primeros años el vocabulario para expresar emociones se va ampliando, y que la forma en que les hablan los adultos que los cuidan, que rodean cada emoción de otras palabras cercanas, puede servirles de andamio para aprender lo que significa cada nombre.

Tampoco se aprenden todas a la vez. En un estudio con niños de 4 a 11 años, los mayores usaban más palabras de emociones, y las palabras más generales aparecían antes que las más precisas. La distinción que hacían todos, niños y adultos, era la más básica: emociones agradables frente a desagradables. Por eso es normal que a los cuatro años casi todo sea «enojado» o «triste», y que palabras más finas como «frustrado», «celoso» o «decepcionado» lleguen después, si alguien se las presta.

De rodillas y a su altura, junto a la torre caída: «estás frustrado, se cayó tres veces».
De rodillas y a su altura, junto a la torre caída: «estás frustrado, se cayó tres veces».
Lo que no tiene nombre se queda dando vueltas por dentro; lo que tiene nombre se puede contar.

Por qué nombrarla ayuda a calmarse

Ponerle palabra a una emoción no la borra, pero la vuelve más manejable. Un estudio con 334 niños de preescolar en China, de unos cinco años, encontró que los que reconocían mejor las emociones y tenían más vocabulario para nombrarlas se regulaban mejor, según sus papás y sus maestros. Y en un diario de 14 días que llevó parte de esos niños, los días en que ponían nombre a lo que sentían se recuperaban más rápido de un mal momento.

Dicho de otra forma: «estoy enojado porque se cayó mi torre» ya es un pequeño paso hacia fuera del enojo. Cuando lo puede decir, necesita menos gritarlo. Mientras aprende, tu calma hace buena parte del trabajo; de eso escribimos en «Co-regulación: cómo prestarle tu calma a tu hijo».

Cómo acompañarlo en casa

Nombra lo que ves, sin sermón. «Estás frustrado: la torre se cayó tres veces.» Una frase corta, con la emoción y su motivo. Con un niño de uno o dos años basta una palabra («triste», «enojado»); hacia los cuatro y cinco ya puedes añadir el porqué. En pleno estallido no le preguntes «¿qué sientes?»: todavía no tiene la respuesta, y tú se la puedes prestar.

Ponle nombre a lo tuyo. «Estoy un poco nerviosa porque vamos tarde.» Cuando te escucha nombrar tus propias emociones, aprende que los adultos también las tienen y que se pueden decir sin explotar.

Ve más allá de feliz, triste y enojado. Entre los tres y los seis años cabe un vocabulario mucho más rico: orgulloso, aburrido, celoso, decepcionado, emocionado, avergonzado, nervioso. Úsalas en el momento justo y él las irá probando, igual que prueba cualquier palabra nueva.

Cuando la tormenta pasa, queda espacio para ponerle nombre a lo que sintió.
Cuando la tormenta pasa, queda espacio para ponerle nombre a lo que sintió.

Aprovecha los cuentos. «¿Cómo crees que se siente el conejito cuando se pierde?» Hablar de lo que sienten otros, cuando no es él quien está en apuros, es práctica sin presión.

Hablen después, ya en calma. En la cena o antes de dormir: «Hoy en el parque te enojaste mucho cuando nos tuvimos que ir. ¿Te acuerdas?». Repasar lo que pasó, cuando ya pasó, le ayuda a ordenar la emoción y a guardarla con su nombre.

Todas las emociones valen; no todas las conductas. «Puedes estar enojado; no puedes pegar.» Separar lo que siente de lo que hace con eso le enseña que sentir no es el problema. Para el momento del estallido tienes más ideas en «Cómo acompañar los berrinches sin perder la calma».

Puedes estar enojado. No puedes pegar. Las dos cosas caben en la misma frase.

Jueguen a las caras. Pon cara de sorpresa, de asco o de alegría y que él adivine; luego le toca a él. Es un juego de un minuto que cabe en la fila del súper o en la sala de espera del pediatra.

El juego de las caras: él pone cara de sorpresa y a mamá le toca adivinar.
El juego de las caras: él pone cara de sorpresa y a mamá le toca adivinar.

No es una lección, es una costumbre

No hace falta sentarse a enseñarle emociones como quien enseña los colores. Se aprenden igual que el resto del idioma: escuchándolas muchas veces, justo cuando pasan, en boca de alguien que lo quiere.

Un día, en lugar de tirar la torre, te va a mirar y te va a decir «estoy frustrado». Probablemente la torre se caiga igual. Pero él ya sabe qué le pasa, y eso es la mitad del camino.

¿Le puede servir a otra mamá o a otro papá?

Referencias

  1. American Academy of Pediatrics (AAP). Emotional Development: 2 Year Olds (adaptado de Caring for Your Baby and Young Child: Birth to Age 5, 7.ª ed.). HealthyChildren.org. www.healthychildren.org/English/ages-stages/toddler/Pages/Emotional-Development-2-Year-Olds.aspx
  2. Nencheva ML, Tamir DI, Lew-Williams C. Caregiver speech predicts the emergence of children's emotion vocabulary. Child Development, 2023;94(3):585-602. doi.org/10.1111/cdev.13897 PubMed: pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36852506/
  3. Grosse G, Streubel B, Gunzenhauser C, Saalbach H. Let's Talk About Emotions: the Development of Children's Emotion Vocabulary from 4 to 11 Years of Age. Affective Science, 2021;2(2):150-162. doi.org/10.1007/s42761-021-00040-2 PubMed: pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36043167/
  4. Zhu C, Ip KI, Liu Z, Yan N. Labeling it makes you feel better: The role of affect labeling on emotion regulation among Chinese preschoolers. Child Development, 2026;97(2):451-464. doi.org/10.1093/chidev/aacaf033 PubMed: pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41718720/

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