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Leer una etiqueta en diez segundos (con un niño colgado del carrito)

Nadie compara tablas nutrimentales en el súper con un niño de tres años pidiendo galletas. La buena noticia es que no hace falta: hoy la información importante está en el frente del empaque y se lee en un vistazo.
Redacción Lumi · 6 min de lectura
Leer una etiqueta en diez segundos (con un niño colgado del carrito)

Las guías de alimentación infantil suelen pedir cosas que en el súper no se pueden hacer. Comparar gramos de azúcar por porción entre dos cajas mientras el niño intenta bajarse del carrito no es una de las actividades realistas de la vida adulta.

Por suerte, desde hace unos años la parte que más importa dejó de estar escondida en la tabla de atrás. En México y en varios países de la región, el frente del empaque trae sellos de advertencia: octágonos negros que dicen «EXCESO AZÚCARES», «EXCESO SODIO», «EXCESO GRASAS SATURADAS», «EXCESO CALORÍAS» o «EXCESO GRASAS TRANS».

No hay que interpretarlos ni hacer cuentas. El sello ya es la cuenta hecha: significa que ese producto pasó un umbral que un comité técnico definió como excesivo.

Los diez segundos, en orden

Uno: cuenta los octágonos. Cero es cero. Uno se puede negociar. Tres o cuatro octágonos en un producto que va a comer un niño de cuatro años es una señal bastante clara, y no hace falta leer nada más.

Dos: busca las leyendas de al lado. Además de los sellos, hay dos avisos escritos en letra pequeña que hablan directamente de los niños: «CONTIENE CAFEÍNA, EVITAR EN NIÑOS» y «CONTIENE EDULCORANTES, NO RECOMENDABLE EN NIÑOS». Ese segundo aparece en muchísimos productos «light» o «sin azúcar» que los papás compran justamente pensando que son la opción sana para el niño.

Tres: si te quedan ganas, mira los tres primeros ingredientes. La lista va ordenada de mayor a menor cantidad. Si el azúcar —o cualquiera de sus alias— aparece entre los tres primeros, ese producto es, sobre todo, azúcar.

Los octágonos no se interpretan: son la cuenta ya hecha. Contar cuántos hay es la única operación necesaria.
Los octágonos no se interpretan: son la cuenta ya hecha. Contar cuántos hay es la única operación necesaria.

El truco de los dibujitos

Hay una consecuencia de la norma que casi nadie usa y que es utilísima con un niño al lado: los productos que llevan sellos no pueden usar personajes infantiles, dibujos animados, mascotas de marca ni famosos en el empaque.

Eso convierte al propio empaque en un semáforo. La caja llena de personajes de caricatura que tu hijo señala desde el carrito, si es reciente y cumple la norma, ya no debería traer octágonos. Y al revés: cuando un producto perdió sus dibujos de un año para otro, no fue por diseño.

No es una regla infalible —conviven empaques viejos, importados y excepciones—, pero como atajo mental en el pasillo funciona.

El azúcar y sus otros nombres

Si vas a mirar la lista de ingredientes, vale la pena saber que el azúcar rara vez se llama azúcar. Aparece como jarabe de maíz de alta fructosa, maltodextrina, dextrosa, jarabe de agave, concentrado de jugo de fruta, miel, melaza, azúcar mascabado o cualquier palabra terminada en «osa».

El reparto entre varios nombres no es casual: al dividirla, cada una baja de posición en la lista y el azúcar deja de aparecer entre los primeros ingredientes aunque, sumada, siga siendo lo que más hay.

Si la lista trae tres endulzantes distintos en posiciones separadas, léelos como si fueran uno solo. Casi siempre lo son.

Como referencia: la Organización Mundial de la Salud recomienda que los azúcares libres se mantengan por debajo del 10% de la energía diaria, e idealmente por debajo del 5%. Y para los menores de dos años, la recomendación es directamente cero azúcares añadidos.

Tres productos donde la etiqueta sorprende

Los yogures «para niños». Suelen venir en envases pequeños, con personajes, y con más azúcar por gramo que muchos postres. La alternativa práctica no es dejar el yogur: es comprar natural y agregarle fruta aplastada en casa.

Las bebidas «de fruta». «Néctar», «bebida», «con jugo» y «sabor a» son cosas distintas entre sí y ninguna es fruta. Ya lo tratamos a fondo en el artículo sobre agua, leche y jugo, pero es el pasillo donde la etiqueta más engaña.

Los cereales de caja «integrales». La palabra integral en el frente puede convivir con azúcar como segundo ingrediente. Los dos datos están en el mismo empaque y se contradicen: gana la lista de ingredientes.

El pasillo de los cereales es donde más chocan el frente del empaque y la lista de ingredientes. Cuando se contradicen, manda la lista.
El pasillo de los cereales es donde más chocan el frente del empaque y la lista de ingredientes. Cuando se contradicen, manda la lista.

Lo que esto no es

Un producto con sellos no es veneno y comprarlo no te convierte en mal padre. La comida de cumpleaños existe, y prohibir del todo un alimento suele aumentar las ganas de comerlo: la investigación sobre restricción en preescolares es bastante consistente en eso.

La etiqueta sirve para otra cosa: para decidir qué entra a la casa de forma habitual. Lo que está en la alacena todas las semanas es lo que forma el gusto del niño; lo que aparece un domingo al año, no.

La decisión importante no es la de la fiesta. Es la del carrito, y se repite cincuenta veces al año.

Para el próximo súper

Elige una categoría —la que más compras: cereales, galletas, yogures, jugos— y dedícale treinta segundos a comparar dos empaques por número de octágonos. Solo esa categoría, solo esta vez.

Y si el niño va contigo, déjalo contar los octágonos en voz alta. A los cuatro años contar figuras negras en una caja es un juego, y de paso está aprendiendo a mirar el frente del empaque antes que los dibujos.

¿Le puede servir a otra mamá o a otro papá?

Referencias

  1. NOM-051-SCFI/SSA1-2010, modificación vigente desde octubre de 2020 (México). Sistema de etiquetado frontal de advertencia con sellos octagonales «EXCESO CALORÍAS / AZÚCARES / GRASAS SATURADAS / GRASAS TRANS / SODIO» y leyendas precautorias «CONTIENE CAFEÍNA, EVITAR EN NIÑOS» y «CONTIENE EDULCORANTES, NO RECOMENDABLE EN NIÑOS».
  2. NOM-051, disposición sobre publicidad dirigida a menores: los productos preenvasados que ostentan uno o más sellos o la leyenda de edulcorantes no pueden incluir personajes infantiles, animaciones, dibujos, celebridades, deportistas ni mascotas en su etiquetado.
  3. Organización Mundial de la Salud. «Guideline: Sugars intake for adults and children», 2015. Recomendación de reducir los azúcares libres a menos del 10% de la ingesta energética total, con beneficio adicional por debajo del 5%.
  4. Organización Panamericana de la Salud. Modelo de perfil de nutrientes que sirve de base a los sistemas de advertencia frontal en la región, y evidencia sobre su comprensión más rápida frente a la tabla nutrimental tradicional.
  5. Academia Americana de Pediatría y Dietary Guidelines for Americans 2020-2025: evitar por completo los azúcares añadidos en menores de 2 años.
  6. Ley 20.606 y decreto 13/2015 (Chile), precedente regional del etiquetado octagonal y de la restricción de publicidad y personajes en productos «altos en».

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