Desarrollo cognitivo

Las matemáticas empiezan mucho antes de las cuentas

No hace falta enseñarle a sumar: hace falta hablar de cantidades mientras viven el día
Redacción Lumi · 6 min de lectura
Las matemáticas empiezan mucho antes de las cuentas

Suben la escalera de la mano y tú vas diciendo, sin pensarlo, «uno, dos, tres, cuatro…». Reparten galletas y él protesta porque su hermana tiene más. Guarda los coches en la caja y separa, por su cuenta, los grandes de los chiquitos. Nada de eso parece una clase de matemáticas, y sin embargo lo es. Mucho antes de escribir un número, tu hijo ya está construyendo la idea de cantidad, y la construye con lo que hace y con lo que te oye decir.

La psicóloga Susan Levine y su equipo en la Universidad de Chicago se dedicaron a grabar horas de vida cotidiana en casas con niños pequeños, para contar algo muy concreto: cuántas veces al día los adultos hablan de cantidades. La diferencia entre unas familias y otras resultó enorme, y no dependía de si los padres eran «buenos en matemáticas», sino de si mencionaban números mientras cocinaban, ordenaban o subían escaleras. Ese lenguaje numérico cotidiano se relacionaba con lo que los niños entendían de los números tiempo después.

Lo que predice el avance no es cuánto sabes de matemáticas, sino cuánto las nombras en voz alta.

Contar no es recitar

Un niño de tres años puede decir «uno, dos, tres, cuatro, cinco» de corrido y aun así no saber cuántos hay. Recitar la serie es memoria; contar es otra cosa. Contar de verdad exige tocar cada objeto una sola vez mientras dice un número —lo que los investigadores llaman correspondencia uno a uno— y, sobre todo, entender que el último número que dijo responde a la pregunta «¿cuántos hay?». Ese salto tiene nombre, principio de cardinalidad, y es el que de verdad importa. Se nota fácil: cuéntale cinco fichas con él y luego pregúntale cuántas hay. Si vuelve a contarlas desde el principio, todavía está en camino, y eso está perfectamente bien.

Tocar cada objeto una sola vez mientras dice un número es lo que convierte la recitación en conteo.
Tocar cada objeto una sola vez mientras dice un número es lo que convierte la recitación en conteo.

Y contar es solo una parte. Comparar es igual de matemático: más, menos, igual, el más grande, el que falta. También lo es el lenguaje del espacio —encima, debajo, al lado, detrás, entre—, que el mismo laboratorio de Chicago encontró asociado a cómo los niños resuelven después tareas de razonamiento espacial. Cuando le dices «pon el vaso al lado del plato, no encima», estás haciendo algo más que dar una instrucción.

Más, menos e igual son palabras matemáticas. Encima, debajo y al lado, también.

Cinco momentos del día que ya son clase

Poner la mesa. Un plato para cada uno, un tenedor para cada plato: es correspondencia uno a uno pura, y se resuelve sin lápiz. La escalera. Contar con el cuerpo, un escalón por número, ancla el conteo en algo que se siente. El súper. «Necesitamos tres manzanas, ¿me las pasas?» y luego «¿cuál bolsa pesa más?». Repartir. Dividir seis uvas entre tres personas es fracciones antes de las fracciones, y además le importa muchísimo que sea justo. Guardar los juguetes. Clasificar por color, por tamaño o por forma es clasificación, que es la base de todo lo demás.

Un plato para cada uno y un tenedor para cada plato: correspondencia uno a uno, sin lápiz y sin fichas.
Un plato para cada uno y un tenedor para cada plato: correspondencia uno a uno, sin lápiz y sin fichas.

A esa lista conviene sumarle una cosa muy concreta: los juegos de mesa con casillas en fila. Robert Siegler y Geetha Ramani compararon tableros donde se avanza por una línea de casillas numeradas con otros donde las casillas eran de colores, y los niños que jugaron con el tablero lineal mejoraron su noción de qué tan grande es cada número. La explicación es bonita: al mover la ficha, el niño recorre físicamente la distancia entre el 2 y el 7, y esa distancia se le queda. El dado ayuda por su lado, porque enseña a reconocer «cuatro» de un vistazo, sin contar los puntos.

Lo que conviene no hacer

No conviertas el día en examen. «¿Cuánto es dos más dos?» a media comida convierte un juego en una prueba que se puede reprobar, y a esa edad no hay nada que ganar con eso. Tampoco corrijas en seco: si cuenta «uno, dos, tres, cinco», puedes contar tú la misma fila en voz alta, tranquilo, sin señalar el error. Y no corras hacia los números grandes; entender bien el cinco vale más que llegar al cien de memoria.

Hay una trampa menos evidente. Un estudio dirigido por Erin Maloney y Sian Beilock encontró que los adultos que sienten ansiedad ante las matemáticas se la transmiten a sus hijos, pero solo cuando los ayudan con las tareas: no era la ansiedad en sí, sino la ansiedad puesta en escena junto al niño. Si las matemáticas te dan pereza o te intimidan, el conteo del súper y las escaleras son mejor terreno que la hoja de ejercicios, y para tu hijo son igual de válidos.

Entender bien el cinco vale más que llegar al cien de memoria.

En Lumi encontrarás varias piezas pensadas justo para esto: Diez ranitas en el carrito canta los números del uno al diez con un número por tiempo musical, para que él pueda contar con la canción; Siete días, siete sombreros trabaja el orden y la secuencia, que es la otra mitad del asunto; y en Juegos está Cuenta en inglés. En Su plan te proponemos actividades según su edad, y en Su juego en Lumi puedes ver hacia dónde se le va la curiosidad esta semana. Pero si hoy solo te llevas una cosa, que sea la más barata de todas: contar en voz alta lo que ya estaban haciendo de todos modos.

¿Le puede servir a otra mamá o a otro papá?

Referencias

  1. Levine, S. C., Suriyakham, L. W., Rowe, M. L., Huttenlocher, J., & Gunderson, E. A. (2010). What counts in the development of young children's number knowledge? Developmental Psychology, 46(5), 1309–1319. Estudio sobre el lenguaje numérico de los padres en la vida diaria y el conocimiento numérico posterior del niño.
  2. Gelman, R., & Gallistel, C. R. (1978). The Child's Understanding of Number. Harvard University Press. Obra donde se formulan los principios del conteo, incluida la correspondencia uno a uno y la cardinalidad.
  3. Ramani, G. B., & Siegler, R. S. (2008). Promoting broad and stable improvements in low-income children's numerical knowledge through playing number board games. Child Development, 79(2), 375–394. Comparación entre tableros lineales numerados y tableros de colores.
  4. Pruden, S. M., Levine, S. C., & Huttenlocher, J. (2011). Children's spatial thinking: does talk about the spatial world matter? Developmental Science, 14(6), 1417–1430. Relación entre el lenguaje espacial de los adultos y el razonamiento espacial infantil.
  5. Maloney, E. A., Ramirez, G., Gunderson, E. A., Levine, S. C., & Beilock, S. L. (2015). Intergenerational effects of parents' math anxiety on children's math achievement and anxiety. Psychological Science, 26(9), 1480–1488.
  6. National Association for the Education of Young Children (NAEYC) & National Council of Teachers of Mathematics (NCTM). Early Childhood Mathematics: Promoting Good Beginnings. Declaración conjunta de posición sobre matemáticas en la primera infancia.

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