Motivación

¿Fútbol, música e inglés? Cuántas actividades necesita de verdad tu hijo

La agenda llena se siente como una inversión en su futuro. A esta edad, la evidencia apunta justo al revés: lo que más lo impulsa es el tiempo sin programar y una motivación que nazca de él.
Redacción Lumi · 6 min de lectura
¿Fútbol, música e inglés? Cuántas actividades necesita de verdad tu hijo

En el grupo de la escuela alguien comenta que su hijo de cuatro años empezó natación, y otro que el suyo va a inglés dos veces por semana. La duda llega sola: ¿estaré dejando a mi hijo atrás? La respuesta corta es que casi nunca. La larga es más interesante, porque lo que sí construye capacidad en estos años no se compra por mensualidad.

Lo que de verdad lo impulsa a esta edad

En 2018 la American Academy of Pediatrics publicó un informe con un título que parece una obviedad y no lo es: el poder del juego. Sus autores advertían que en la primera infancia el juego estaba siendo desplazado por actividades cada vez más dirigidas y académicas, y pedían a los pediatras que lo «recetaran» en las consultas, como complemento de la recomendación de leerles en voz alta. Once años antes, otro informe de la misma academia ya señalaba que el tiempo de juego libre se había reducido mucho para algunos niños, por un estilo de vida apurado y por la atención creciente a lo académico y a las actividades de enriquecimiento. No es romanticismo: jugando sin instrucciones el niño planea, se equivoca, negocia, sostiene un rol y se aburre hasta inventar algo. Ninguna clase estructurada entrena esas cosas al mismo tiempo.

El juego libre no es lo que sobra después de las actividades. A esta edad es la actividad principal.

A eso se suma algo que los papás intuyen pero cuesta sostener: un niño pequeño necesita tiempo muerto para digerir el día. Entre el kínder, el trayecto, la clase y la tarea, muchos niños de cinco años tienen jornadas más largas que un adulto. Y cuando el cansancio se acumula, lo primero que se resiente no es la actividad nueva: son el sueño, la comida y el humor de toda la casa.

Una tarde sin plan no es una tarde perdida: es donde el niño practica planear, aburrirse e inventar.
Una tarde sin plan no es una tarde perdida: es donde el niño practica planear, aburrirse e inventar.

La diferencia entre querer y cumplir

Hay medio siglo de investigación sobre motivación que ayuda a decidir. Deci y Ryan, los autores de la teoría de la autodeterminación, plantean que la motivación que nace de uno mismo se sostiene sobre tres necesidades: sentir que uno elige, sentirse capaz y sentirse conectado con los demás. Una actividad que el niño eligió, con un nivel a su medida y con un adulto que lo acompaña sin corregir cada movimiento, alimenta las tres. Una actividad impuesta, demasiado difícil o vivida como examen, las erosiona.

La motivación que dura no se enciende desde afuera: se protege. Es mucho más fácil apagarla que crearla.

Hay incluso un experimento clásico que lo ilustra al revés. Lepper, Greene y Nisbett les prometieron a unos niños de preescolar un premio por dibujar, algo que ya hacían solos y por gusto. Días después, en el tiempo de juego libre y ya sin premio de por medio, esos niños dibujaban por su cuenta menos que los que no habían esperado ninguna recompensa. Convertir en obligación con recompensa algo que el niño hacía por placer puede costarle el placer. Vale la pena recordarlo antes de inscribirlo en la clase de arte porque le gusta dibujar.

Una guía práctica, sin culpa

Antes de los seis años, una actividad estructurada a la vez suele ser suficiente, y ninguna también es una respuesta válida. Más útil que contar clases es mirar tres señales. Si le está haciendo bien, habla de eso en casa, lo juega por su cuenta y llega con energía. Si no, aparecen los avisos: llora antes de ir, le duele la panza los martes, o vuelve tan agotado que la tarde se rompe. Ese último dato vale más que cualquier promesa de estimulación temprana.

Si habla de la clase en casa y la juega por su cuenta, va bien. Si llora antes de ir y vuelve agotado, sobra.
Si habla de la clase en casa y la juega por su cuenta, va bien. Si llora antes de ir y vuelve agotado, sobra.

También conviene separar dos cosas que se mezclan sin querer: el talento del niño y el sueño del adulto. Muchas inscripciones nacen de una frustración propia —el instrumento que no pudimos aprender, el deporte que abandonamos— y el niño lo nota antes de que nadie lo diga. Preguntarse honestamente de quién es la ilusión ahorra años de tensión.

Antes de inscribirlo, vale una pregunta incómoda: ¿de quién es esta ilusión, suya o mía?

¿Y si quiere dejarla? Con niños pequeños tiene sentido cerrar el ciclo empezado —terminar el trimestre, ir a la última clase— y no encadenar otra automáticamente. Abandonar a la primera dificultad no enseña perseverancia, pero obligar durante años tampoco: enseña que lo que uno siente no cuenta. Entre las dos hay un espacio grande donde vive el sentido común.

El camino de vuelta, sin prisa y sin interrogatorio, suele decir más de cómo le fue que cualquier reporte.
El camino de vuelta, sin prisa y sin interrogatorio, suele decir más de cómo le fue que cualquier reporte.
Obligar durante años no enseña perseverancia: enseña que lo que uno siente no cuenta.

Y si después de leer todo esto la conclusión es que tu hijo no necesita ninguna clase por ahora, respira tranquilo. A los cuatro años, un niño que juega, duerme lo suficiente, se mueve al aire libre y tiene un adulto disponible para escucharlo está exactamente donde debe estar.

¿Le puede servir a otra mamá o a otro papá?

Referencias

  1. Yogman, M., Garner, A., Hutchinson, J., Hirsh-Pasek, K. y Golinkoff, R. M.; American Academy of Pediatrics, Committee on Psychosocial Aspects of Child and Family Health. The Power of Play: A Pediatric Role in Enhancing Development in Young Children. Pediatrics, 2018. doi.org/10.1542/peds.2018-2058
  2. Ginsburg, K. R.; American Academy of Pediatrics. The Importance of Play in Promoting Healthy Child Development and Maintaining Strong Parent-Child Bonds. Pediatrics, 2007. doi.org/10.1542/peds.2006-2697
  3. Ryan, R. M. y Deci, E. L. Self-determination theory and the facilitation of intrinsic motivation, social development, and well-being. American Psychologist, 2000. doi.org/10.1037/0003-066X.55.1.68
  4. Lepper, M. R., Greene, D. y Nisbett, R. E. Undermining children's intrinsic interest with extrinsic reward: A test of the "overjustification" hypothesis. Journal of Personality and Social Psychology, 1973. doi.org/10.1037/h0035519

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