Neurodesarrollo

El director de orquesta del cerebro de tu hijo: esperar, recordar y cambiar de plan

Se llama función ejecutiva, predice cómo le irá en la escuela mejor que saber las letras, y no llega sola con la edad: se entrena jugando, en tu casa y sin material especial.
Redacción Lumi · 6 min de lectura
El director de orquesta del cerebro de tu hijo: esperar, recordar y cambiar de plan

Le pides tres cosas —guarda los zapatos, lávate las manos y ven a la mesa— y hace una. Espera su turno en el parque durante diez segundos gloriosos y al undécimo se lanza por el tobogán. Empieza un rompecabezas, se traba en una pieza y lo abandona con un grito. No es distracción, ni mala educación, ni falta de carácter. Es que el director de orquesta de su cerebro todavía está aprendiendo a dirigir.

Tres habilidades con un solo nombre

Los investigadores del Center on the Developing Child de Harvard usan una imagen preciosa para explicarlo: la función ejecutiva es la torre de control aéreo del cerebro, lo que decide qué avión aterriza primero cuando hay muchos en el cielo. Adele Diamond, una de las mayores especialistas del tema, la resume en tres piezas: la memoria de trabajo (sostener una información mientras la usas: los tres encargos), el control inhibitorio (frenar el primer impulso: no lanzarse por el tobogán) y la flexibilidad cognitiva (cambiar de estrategia cuando la primera no funcionó: probar otra pieza en vez de tirar el rompecabezas).

No le falta obediencia: le falta torre de control. Y esa torre no se instala con un regaño, se construye con práctica.

Estas tres habilidades explican por qué un niño de cuatro años puede saberse los colores, los números y media docena de canciones, y aun así derrumbarse porque su hermano tomó el vaso azul. Saber cosas y poder gobernarse son dos desarrollos distintos, y el segundo tarda mucho más: las regiones del cerebro que lo sostienen siguen madurando hasta bien entrada la adolescencia.

Sostener el plan, frenar la prisa y corregir cuando la torre se tambalea: un juego de bloques entrena las tres habilidades a la vez.
Sostener el plan, frenar la prisa y corregir cuando la torre se tambalea: un juego de bloques entrena las tres habilidades a la vez.

Por qué importa más que saber las letras

Cuando se estudia qué predice que a un niño le vaya bien al empezar la escuela, la función ejecutiva aparece por delante de conocimientos concretos como reconocer letras o contar. Tiene sentido: para aprender a leer hace falta poder quedarse en la tarea, recordar la instrucción y tolerar equivocarse. Diamond y Lee revisaron los programas que de verdad la mejoran en niños de 4 a 12 años y encontraron un patrón claro: funcionan los que exigen esfuerzo sostenido y suben la dificultad poco a poco, y funcionan sobre todo con los niños que peor empezaban.

Para aprender a leer no basta con conocer las letras: hace falta poder quedarse, recordar y equivocarse sin romperse.

Cómo se entrena en tu casa, sin comprar nada

La buena noticia es que casi todo lo que la entrena ya existe en la vida cotidiana. Los juegos de frenar el impulso —Simón dice, las estatuas, el semáforo, cantar una canción cambiando el gesto a mitad— trabajan el control inhibitorio en estado puro. Los juegos de memoria, los encargos de dos o tres pasos y cocinar juntos siguiendo una receta ejercitan la memoria de trabajo. Y el juego simbólico largo, ese en el que son bomberos veinte minutos y hay reglas sobre quién maneja el camión, es probablemente el mejor entrenamiento de todos: obliga a sostener un plan, respetar un rol y negociar cuando el otro cambia la historia.

El juego simbólico largo obliga a sostener un plan y respetar un rol: es el gimnasio más completo de la función ejecutiva.
El juego simbólico largo obliga a sostener un plan y respetar un rol: es el gimnasio más completo de la función ejecutiva.

Vygotsky lo había intuido hace casi un siglo: en el juego, el niño se comporta por encima de su edad, porque el papel que eligió le pide una autodisciplina que no tendría fuera del juego. Un niño de cuatro años no se queda quieto porque se lo pidan; se queda quieto veinte minutos si está haciendo guardia y el juego depende de eso.

En el juego un niño se comporta por encima de su edad: el bombero espera su turno mucho mejor que el niño al que le piden esperar.

Tu calma también es parte del entrenamiento

Antes de autorregularse, todos los niños se regulan con otro. Cuando tu hijo pierde el control y tú bajas la voz en vez de subirla, no estás siendo blando: le estás prestando la calma que su cerebro todavía no fabrica solo. Ese préstamo, repetido mil veces, es lo que después se vuelve capacidad propia. También ayudan las rutinas previsibles, dormir lo suficiente y bajar el ruido de fondo: el estrés sostenido es de las pocas cosas que se sabe que erosionan esta habilidad.

Cuando bajas la voz en vez de subirla no estás siendo blando: le estás prestando la calma que su cerebro todavía no fabrica solo.
Ponerse a su altura y bajar la voz es el primer paso del autocontrol: primero se regula contigo, después solo.
Ponerse a su altura y bajar la voz es el primer paso del autocontrol: primero se regula contigo, después solo.

Y una última idea que ordena todo lo demás. El famoso experimento del malvavisco —esperar quince minutos por dos dulces en vez de uno— se cita siempre como si midiera el destino de un niño. Un estudio posterior de Celeste Kidd mostró algo distinto: los niños esperaban mucho más cuando el adulto había cumplido antes una promesa, y casi nada cuando no. No estaban midiendo solo su autocontrol. Estaban midiendo si valía la pena confiar. Antes que cualquier juego, eso es lo que construye la espera: un adulto que cumple lo que dice.

¿Le puede servir a otra mamá o a otro papá?

Referencias

  1. Center on the Developing Child, Harvard University. Executive Function & Self-Regulation y Building the Brain's "Air Traffic Control" System (Working Paper 11). developingchild.harvard.edu.
  2. Diamond, A. Executive Functions. Annual Review of Psychology, 64, 135–168, 2013.
  3. Diamond, A. & Lee, K. Interventions Shown to Aid Executive Function Development in Children 4 to 12 Years Old. Science, 333(6045), 959–964, 2011.
  4. Vygotsky, L. S. Mind in Society: The Development of Higher Psychological Processes. Harvard University Press, 1978.
  5. Kidd, C., Palmeri, H. & Aslin, R. N. Rational snacking: young children's decision-making on the marshmallow task is moderated by beliefs about environmental reliability. Cognition, 126(1), 109–114, 2013.
  6. Bodrova, E. & Leong, D. J. Tools of the Mind: The Vygotskian Approach to Early Childhood Education. Pearson, 2007.

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