Salud

El día de la vacuna: cómo acompañar el pinchazo

Hay bastante evidencia sobre qué hace que duela menos, y casi nada de eso tiene que ver con la aguja. Tiene que ver con dónde está sentado tu hijo, qué le dices antes y cuánto le insistes después.
Redacción Lumi · 6 min de lectura
El día de la vacuna: cómo acompañar el pinchazo

La vacuna dura dos segundos y el día entero se organiza alrededor de esos dos segundos. Se lo dices por la mañana, lo piensa toda la tarde, llegan a la consulta y ya llora antes de entrar. La sensación es que no hay nada que hacer: es un pinchazo y ya. Y el malestar del adulto se suma al del niño: pocas cosas cuestan tanto como sostener a tu hijo mientras le hacen algo que le duele, aunque sepas perfectamente que hay que hacerlo.

Pero hay bastante investigación sobre esto, y lo que dice es alentador: una parte grande del malestar no viene de la aguja, sino de cosas que sí están en tu mano. La postura, el momento en que se lo cuentas, y —esta sorprende a todo el mundo— cuánto lo tranquilizas.

Lo que sí funciona, medido

En bebés, lo mejor documentado es de una sencillez casi decepcionante: darle el pecho durante el pinchazo, o una solución dulce en la boca si no está amamantando, y sostenerlo piel con piel. No es consuelo simbólico: reduce de forma medible el llanto y los signos de dolor.

En niños más grandes, lo que más cambia las cosas es la postura. Sentado y abrazado contra ti, no acostado ni sujetado entre varios. Un niño tumbado y agarrado por adultos está, además del pinchazo, viviendo que lo inmovilizan; sentado en tu regazo, con tu brazo alrededor, está viviendo otra cosa.

Sentado y abrazado contra ti, no acostado ni sujetado: es la diferencia entre acompañarlo y reducirlo.
En brazos y sentado. La postura es de las pocas cosas que puedes decidir tú y que además está medida.
En brazos y sentado. La postura es de las pocas cosas que puedes decidir tú y que además está medida.

Lo tercero es la distracción, y funciona mejor cuanto más concreta: una canción que él conoce, un video corto, contar juntos las cosas de una lámina, soplar como si apagara velas. Es de las intervenciones con mejor respaldo para el dolor por aguja en la infancia, muy por encima de los discursos. La clave es que empiece antes del pinchazo y siga durante, no que aparezca como consuelo cuando el niño ya está llorando.

Y si tu centro lo ofrece, existe la crema anestésica que se pone en la piel un rato antes. No es magia y hay que aplicarla con tiempo, pero está recomendada en las guías y muchas familias no saben que puede pedirse.

Lo que sale al revés

Aquí viene lo contraintuitivo. Repetir «no pasa nada, no pasa nada, tranquilo, no es nada» tiende a asociarse con más angustia, no con menos. Lo mismo pedirle perdón muchas veces. Un niño pequeño no lee tanto el contenido de la frase como su insistencia, y la insistencia le dice que aquí hay algo de lo que preocuparse.

Repetirle que no pasa nada le confirma que sí pasa algo.

Tampoco ayuda anunciarlo con días de antelación a un niño de tres o cuatro años: no puede hacer nada con esa información salvo darle vueltas. Con un rato antes basta, y con una frase corta.

Y la trampa más común de todas: «no te va a doler». Va a doler un momento, y cuando duela, la conclusión que saca no es sobre la vacuna, es sobre ti. Es exactamente lo que no conviene gastar antes de una vida entera de consultas médicas.

«No te va a doler» no es un consuelo: es una promesa que se rompe sola en dos segundos.
Una canción conocida o soplar como si apagara velas hace más que cualquier explicación.
Una canción conocida o soplar como si apagara velas hace más que cualquier explicación.

Qué decir, entonces

Algo corto, verdadero y con un plan: «te van a poner una vacuna en el brazo; te va a doler un momentito, como un pellizco, y se pasa rápido. Vas a estar sentado conmigo y vamos a cantar la canción del cocodrilo mientras tanto». Ahí está todo lo que necesita: qué pasa, cuánto dura, dónde estás tú y qué va a hacer él.

Qué pasa, cuánto dura, dónde estás tú y qué va a hacer él. Con eso basta.

Después, un consuelo breve y seguir con el día. Convertirlo en una gesta —el premio enorme, el relato repetido toda la semana— lo agranda hacia atrás y hacia la próxima vez. Si lloró, lloró: es una respuesta razonable a que te pinchen, no un fracaso de nadie. Y si el próximo pinchazo le toca en unos meses, no hace falta prepararlo desde ahora: el recuerdo de haberlo pasado acompañado trabaja solo.

Consuelo corto y seguir con el día: agrandar la hazaña también agranda el miedo de la próxima.
Consuelo corto y seguir con el día: agrandar la hazaña también agranda el miedo de la próxima.

Vale la pena hacerlo bien, y no solo por el mal rato. El miedo a las agujas que se instala en la infancia tiende a quedarse, y de adulto pesa en cosas que importan: análisis que se posponen, vacunas que no se ponen. Dos minutos bien acompañados hoy son también eso.

¿Le puede servir a otra mamá o a otro papá?

Referencias

  1. Taddio, A. y cols. «Reducing pain during vaccine injections: clinical practice guideline». CMAJ, 2015. Guía de práctica clínica en la que se apoyan las recomendaciones de postura sentada y en brazos, lactancia o solución dulce en lactantes, anestésicos tópicos y distracción, y la advertencia sobre la tranquilización repetida.
  2. Uman, L. S. y cols. «Psychological interventions for needle-related procedural pain and distress in children and adolescents». Cochrane Database of Systematic Reviews. Revisión sistemática que sostiene que la distracción es de las intervenciones con mejor evidencia frente al dolor por aguja en la infancia.
  3. Harrison, D. y cols. «Sweet tasting solutions for needle-related procedural pain in infants». Cochrane Database of Systematic Reviews. Base de lo que afirmamos sobre la solución dulce en bebés durante el pinchazo.
  4. McMurtry, C. M. y cols. «Far from 'just a poke': common painful needle procedures and the development of needle fear». The Clinical Journal of Pain, 2015. Respalda que el miedo a las agujas iniciado en la infancia tiende a persistir y a interferir con la atención sanitaria en la vida adulta.

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