Desarrollo

Darle de comer a un peluche es trabajo serio: el juego de «hacer como si»

Un plátano que hace de teléfono parece una tontería tierna. Es una de las operaciones mentales más difíciles que hace tu hijo en todo el día.
Redacción Lumi · 6 min de lectura
Darle de comer a un peluche es trabajo serio: el juego de «hacer como si»

Tu hija coge un plátano, se lo pone en la oreja y dice «¿bueno?». Nos hace gracia y pasamos a otra cosa. Pero pararse un segundo ahí vale la pena, porque acaba de hacer algo que ningún otro animal hace con esa facilidad: usar una cosa para representar otra.

Para lograrlo tiene que sostener dos ideas a la vez —esto es un plátano y ahora mismo es un teléfono— sin que ninguna borre a la otra. Es exactamente la misma operación que hará después con las letras y con los números, cuando un garabato tenga que significar un sonido y un símbolo tenga que significar una cantidad.

Cómo crece el «hacer como si»

Empieza alrededor del año, y siempre en el mismo orden. Primero se hace a sí mismo: coge una taza vacía y bebe. Luego se lo hace a otro: le da de beber al osito. Después llega la sustitución, que es el salto grande: la caja es la cama y el palo es la cuchara.

Y a partir de los tres se vuelve social y con guion: uno es el papá, otro es el bebé, hay reglas de lo que le toca decir a cada uno y hay que negociarlas sin salirse del juego. Ese último tramo es el más exigente de todos, aunque parezca solo un rato de disfraces.

Sostener dos ideas a la vez: esto es un plátano y ahora mismo es un teléfono.
Sostener dos ideas a la vez: esto es un plátano y ahora mismo es un teléfono.
Hacer que un palo sea una cuchara es la misma operación que hará después con las letras.

Qué se lleva de ahí (y qué está discutido)

Conviene ser honesto con lo que dice la investigación. Hay revisiones serias que han puesto en duda que el juego simbólico por sí solo cause avances en inteligencia o creatividad, y que critican los estudios que lo daban por hecho. Lo que sí aparece de forma consistente es su relación con el lenguaje y con la autorregulación.

Y se entiende por qué al mirar la escena de cerca. Jugando a la tienda, un niño habla más y con frases más largas que en cualquier conversación normal, porque tiene que decir en voz alta lo que no está pasando. En los juegos de roles se ha observado además más habla dirigida a uno mismo del tipo «ahora el bebé duerme», que es el ensayo del control interno que después usará para esperar su turno.

Jugando a la tienda dice más palabras y más largas que en cualquier conversación del día.
En el juego de roles hay que decir en voz alta lo que no está pasando: por eso se habla tanto.
En el juego de roles hay que decir en voz alta lo que no está pasando: por eso se habla tanto.

Cómo se acompaña sin estropearlo

Entra en el juego, no lo dirijas. Si te sirve un café de aire, tómatelo. El adulto que corrige («eso no es una taza, es un zapato») cierra el juego en dos segundos; el que juega lo alarga media hora.

Menos juguete y más cosa. Una caja, telas, tapas, palos y cacharros de cocina dan más juego que un juguete que ya viene siendo una sola cosa. Lo que no está definido es lo que él tiene que definir.

Ofrece un problema, no una solución. «¿Y si el bebé tiene frío?» abre una rama nueva. «Ponle la manta rosa» la cierra: ya está resuelta.

Deja que el juego dure días. No recojas siempre el «hospital» del suelo: los guiones que sobreviven a la noche se vuelven más complejos al día siguiente.

Lo que no está definido es lo que él tiene que definir: por eso una caja da más juego que un juguete.

Cuando el juego se pone raro

A veces aparecen guiones que inquietan: el muñeco que se enferma, el que se pierde, el que regaña. Casi siempre es lo contrario de un problema. El juego es donde un niño mete lo que le pasó y lo maneja a su tamaño, con la ventaja de que ahí él decide el final. Repetir mil veces la escena del médico es la forma que tiene de digerir la vacuna del martes.

Y si a los tres años no aparece nada de «hacer como si» —ni dar de comer a un peluche, ni hacer que un objeto sea otro—, eso sí merece una consulta, porque el juego simbólico es uno de los indicadores que los pediatras miran en el desarrollo social y de comunicación.

En el juego mete lo que le pasó y lo maneja a su tamaño: ahí el final lo decide él.
En el juego mete lo que le pasó y lo maneja a su tamaño: ahí el final lo decide él.
Si te sirve un café de aire, tómatelo: el adulto que corrige cierra el juego en dos segundos.

Así que la próxima vez que te ofrezca una sopa de piedras, siéntate y cómetela despacio. No estás siguiéndole la corriente: estás participando en la cosa más complicada que va a hacer esta tarde.

¿Le puede servir a otra mamá o a otro papá?

Referencias

  1. Lillard, A. S. et al. «The impact of pretend play on children's development: A review of the evidence». Psychological Bulletin, 2013. Es la revisión que se cita al matizar qué está demostrado y qué no.
  2. Elias, C. L., Berk, L. E. «Self-regulation in young children: Is there a role for sociodramatic play?». Early Childhood Research Quarterly, 2002. Sostiene la relación entre juego de roles y autorregulación.
  3. Vygotsky, L. S. «El papel del juego en el desarrollo» (en El desarrollo de los procesos psicológicos superiores). Base de la idea del juego como escenario donde el niño funciona por encima de su edad.
  4. American Academy of Pediatrics. «Developmental Milestones» y pautas de vigilancia del desarrollo (HealthyChildren.org). Fundamenta la señal de consulta por ausencia de juego simbólico a los tres años.

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