Habilidades

Bloques y rompecabezas: el juego que entrena la cabeza para las matemáticas

Girar una pieza en la cabeza antes de moverla con la mano parece un detalle. Es una de las habilidades que mejor anticipan cómo le irá después con los números, y de las pocas que se entrenan jugando en el suelo.
Redacción Lumi · 6 min de lectura
Bloques y rompecabezas: el juego que entrena la cabeza para las matemáticas

Tu hijo tiene una pieza en la mano y la va girando contra el hueco, una y otra vez, hasta que entra. La escena es tan común que no parece nada. Y sin embargo ahí está ocurriendo una de las cosas más útiles que hace en todo el día.

Lo que entrena se llama pensamiento espacial: la capacidad de imaginar un objeto girado, de anticipar si esto cabe en aquello, de sostener en la cabeza una forma que todavía no está delante. Suena abstracto y es lo más manual del mundo. Es la misma que usa un adulto para meter una maleta en el maletero, leer un mapa o imaginar cómo quedará el sofá contra la otra pared.

Lo que se vio en los rompecabezas

Un grupo de investigadoras grabó a familias jugando en casa cada cierto tiempo, entre los dos y los casi cuatro años, y luego midió a esos mismos niños a los cuatro y medio. Los que habían jugado con rompecabezas resolvían mejor las tareas de transformación espacial —imaginar una figura girada o partida— que los que no.

Pero el detalle que importa está en la letra pequeña. No bastaba con que hubiera rompecabezas en la casa: lo que marcaba la diferencia era cómo se jugaba con ellos. Los niños que más ganaban eran aquellos cuyos padres se implicaban y, sobre todo, hablaban mientras jugaban.

No es tener rompecabezas en casa. Es lo que se dice mientras se arman.
Girar la pieza antes de encajarla es exactamente el gesto que se está midiendo.
Girar la pieza antes de encajarla es exactamente el gesto que se está midiendo.

Y esto no se queda en las figuras. Cómo arma un niño de preescolar una construcción con bloques se relaciona con sus primeras habilidades matemáticas, y las revisiones de estudios de entrenamiento muestran algo aún mejor: la habilidad espacial se puede mejorar. No es un rasgo con el que se nace y punto.

La habilidad espacial no es un don: es de las que más claramente se entrenan.

Las palabras que hacen el trabajo

Si hay una sola cosa que llevarse de todo esto, es esta: habla mientras juegan, y habla en espacial. Encima, debajo, al lado, detrás, entre, la esquina, el borde, boca abajo, gírala, dale la vuelta, cabe, no cabe, es más largo que este.

Los niños que oyen más de estas palabras en casa terminan usándolas más ellos mismos y les va mejor en tareas espaciales. Son gratis, no requieren material y caben en cualquier rato: armando, ordenando la despensa, poniendo la mesa, guardando los zapatos. Y no hace falta impostar una clase: basta con nombrar lo que ya está pasando delante de los dos, que es justo lo que un niño necesita para pegarle la palabra a la experiencia.

«Gírala», «cabe», «al lado», «boca abajo»: cuatro palabras que valen más que un juguete caro.
El vocabulario espacial no necesita material: cabe en poner la mesa o guardar la compra.
El vocabulario espacial no necesita material: cabe en poner la mesa o guardar la compra.

Cómo acompañar sin resolverlo

La tentación es enorme: él lleva dos minutos con la misma pieza y tú ves clarísimo dónde va. Si se la colocas, se acabó el ejercicio. Lo que sí ayuda es describir en voz alta lo que ves —«esa tiene el borde recto, mira dónde hay otro borde recto»— y devolverle la decisión.

El nivel también importa. Un rompecabezas demasiado fácil se arma sin pensar y uno demasiado difícil se abandona; el bueno es el que le cuesta un poco. Con los bloques, alterna dos modos: construir libre, y copiar un modelo que tú hagas primero, que es más exigente de lo que parece. Y conviene volver a los que ya domina de vez en cuando: repetir un rompecabezas conocido no es perder el tiempo, es lo que le permite dejar de pensar en las piezas y empezar a pensar en el conjunto.

Si le colocas la pieza, le ahorras el minuto que valía el juego entero.
Copiar una construcción que ya está hecha es más difícil —y más útil— que construir libre.
Copiar una construcción que ya está hecha es más difícil —y más útil— que construir libre.

Nada de esto pide comprar una caja nueva. Sirven los bloques que ya hay, las cajas de la cocina, las piezas de encajar, los cubos de plástico. Lo que hace la diferencia no es el material: es que estés cerca, que no resuelvas, y que pongas palabras a lo que sus manos están haciendo.

Dentro de unos años, cuando en la escuela le pidan imaginar cómo se ve una figura girada, esa cabeza ya habrá hecho ese gesto mil veces en el suelo de la sala. Y nadie lo llamó matemáticas.

¿Le puede servir a otra mamá o a otro papá?

Referencias

  1. Levine, S. C., Ratliff, K. R., Huttenlocher, J., Cannon, J. «Early puzzle play: a predictor of preschoolers' spatial transformation skill». Developmental Psychology, 2012. Es el estudio de observación en casa entre los dos y los cuatro años en el que se apoya lo que contamos sobre los rompecabezas y sobre la importancia de cómo se juega, no solo de que los haya.
  2. Verdine, B. N. y cols. «Deconstructing building blocks: preschoolers' spatial assembly performance relates to early mathematical skills». Child Development, 2014. Sostiene la relación que afirmamos entre armar construcciones y las primeras habilidades matemáticas.
  3. Uttal, D. H. y cols. «The malleability of spatial skills: a meta-analysis of training studies». Psychological Bulletin, 2013. Base de la afirmación de que la habilidad espacial se entrena y mejora, en vez de ser un rasgo fijo.
  4. Pruden, S. M., Levine, S. C., Huttenlocher, J. «Children's spatial thinking: does talk about the spatial world matter?». Developmental Science, 2011. Respalda la recomendación central del artículo: los niños que oyen más lenguaje espacial lo usan más y rinden mejor en tareas espaciales.

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